San
Bernardo
(5º
sermón para la Vigilia de Navidad
)
La noche envolvía al mundo entero antes de que se elevara la luz
verdadera, antes del nacimiento de Cristo; también en cada uno de nosotros,
antes de nuestra conversión y de nuestra regeneración interior, reinaba la
noche. ¿Acaso sobre el rostro de la tierra no había la noche más profunda y
las tinieblas más espesas cuando nuestros padres honraban a dioses falsos?. ¿Y
no había sobre nosotros otra sombría noche cuando vivíamos sin Dios en este
mundo, siguiendo nuestras pasiones y los atractivos de este mundo, haciendo
cosas de las cuales hoy nos enrojecemos por ser también obra de las tinieblas?.
Pero
ahora os habéis liberado de vuestro sueño, os habéis santificado, pasando a
ser hijos de la luz, hijos del día y no de las tinieblas ni de la noche (1Tes
5,5)... «Mañana veréis en vosotros la majestad de Dios». Hoy, el Hijo se ha
hecho justicia venida de Dios; mañana, se manifestará como vida nuestra, para
que aparezcamos con él en la gloria. Hoy, por nosotros, ha nacido un niño,
para privar que nos elevemos en una gloria vana y, convirtiéndonos, lleguemos a
ser como niños. Mañana se va a mostrar en toda su grandeza para incitar
nuestra alabanza y para que también nosotros podamos ser glorificados y
alabados cuando Dios otorgará a cada uno su gloria... «Seremos semejantes a él
porque le veremos tal cual es» (1Jn 3,2). Hoy, en efecto, no le vemos en sí
mismo sino como en un espejo (1C 13,12); ahora recibe lo que se eleva de
nosotros. Pero mañana le veremos en nosotros, cuando nos dará lo que depende
de él, cuando se mostrará tal cual es en sí mismo y nos tomará para
elevarnos hasta él.
El
nacimiento del Monasterio y la luna desde el claustro
plateresco
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Fotos: MPLS