Semana Santa 2008
Unos niños nos acompañaban en la última oración del sábado anterior al domingo de Ramos

Silencio y respeto ejemplares
Seremos capaces de hacernos como niños para poder entrar en el Reino de los Cielos
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¿Confiaremos ciegamente en nuestro Padre celestial como ellos lo hacen en su padre terrenal?

Domingo de Ramos


Jueves
Santo
“Esto es mi cuerpo”. Yo soy este pan. Él mismo es el que se entrega. Él mismo es el que se parte. Y cada uno de nosotros participamos de ese pan que se nos da. Un gesto de intimidad que va más allá de todo amor humano. Cuando mucho amamos a alguien queremos poseerlo, queremos entregarnos, queremos hacerlo propio, carne de mi carne, queremos comerlo -decimos-, sin que sea posible. Pero en la eucaristía es el mismo cuerpo del Señor glorificado el que se parte y se nos da para que lo mastiquemos y hagamos uno en nosotros y con los demás. Si somos lo que comemos, es que estamos llamados a ser el mismo Señor que se nos da, vivir como él vivió, amar como él amó. Basta creerlo si le creemos.
(De la homilía del abad Isidoro)

Viernes Santo
Via Crucis

Ante todo la pasión de Jesús es una injusticia, el sufrimiento injusto de un inocente. Jesús lo sabe. Está dispuesto a asumirlo si ese es el misterioso designio divino que terminará dando mucho fruto para la humanidad doliente y despojada. Pero no por ello Jesús lo va a padecer con una sonrisa en los labios. Jesús se angustia, tiene miedo, llega a pedir a Dios lo libre de esa muerte ignominiosa, aunque finalmente se somete a sus designios. Acepta una misteriosa poda sin pensar que el podador desee hacer daño al árbol. No caben aquí escandalosos planteamientos humanos que hablan de necesarios daños colaterales. No caben preconcebidas imágenes de un Dios que desconocemos, pero ante el que nos atrevemos a acusarlo o a defenderlo ignorantemente, ni bienintencionadas aunque cortas visiones que ven la realidad desde el sentimiento, la apariencia o la propia escala de valores.
Jesús va al corazón humano y vence todo odio con un amor llevado hasta el extremo, siendo causa de consuelo, de redención y de gozo eterno.
(De la homilía del Abad Isidoro)
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Adoración de la Cruz
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Vigilia Pascual


Jesús resucitado es el mismo, pero no como antes. Esa fuerza de vida parece que inunda espiritualmente a los discípulos. Los suyos no pueden reconocerlo ni retenerlo, pero está en medio de ellos de una forma incuestionable. El que entregó su vida en manos del Padre ha dado comienzo a una nueva vida, a una nueva creación de la que nosotros somos partícipes. Al llegar al absurdo de una muerte ignominiosa, surge una nueva vida que nos dignifica. Es un regalo, es un don que se nos ofrece con el bautismo que en esta noche santa recordaremos, con la palabra de Dios que entrando por nuestros oídos nos va transformando en creaturas nuevas, con el cuerpo del Señor que nos vivifica desde el amor de Dios entregado y compartido para que lo compartamos, siendo todos uno en el amor. Pero sin olvidarnos que el discípulo no sólo se beneficia de la enseñanza y el camino del maestro, sino que él mismo lo ha de realizar en su propia vida.
(De la homilía del Abad Isidoro)