LA ACOGIDA
(RB 53)
“La hospitalidad es una forma de culto a Dios”
(un rabino)
“La recepción de los pobres es
una parte esencial del camino hacia Dios”
(J.Chittister)
La Sagrada Escritura –regla por excelencia de los monjes – inculca vivamente la acogida solícita y religiosa del huésped como uno de los aspectos fundamentales de la caridad fraterna, que hace que el cristiano se crea siempre en deuda para con todos los hombres: “Compartid las necesidades de los santos y practicad la hospitalidad.” (Rom 12,13)
El misterio de la hospitalidad será revelado por Cristo el día del juicio cuando declare que a través y en el peregrino hemos recibido o rechazado a su misma persona: “porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me recogisteis.” (Mt 25,35)
Los monjes lo tuvieron muy en cuenta. Recibir, honrar, agasajar a los peregrinos y visitantes fue una de las virtudes que más estimaron desde los mismos orígenes del monacato
El anacoreta recibía a sus visitantes como si se tratara del mismo Cristo. “Sería absurdo recibir a un hermano, o, mejor dicho, a Cristo, en nuestra mesa y no compartir su refección”, decía el abad Moisés (Col 2,26).
En los cenobios de san Pacomio, los hermanos porteros recibían a todos los visitantes, a cada cual según su categoría.
Etimología
En esta ocasión la etimología no deja lugar a dudas, si bien viene cargada también de un sentido profundo, ya que hospes, hospitis hace referencia tanto al que hospeda como al que es hospedado. Quizá esconda el sentido de saberse como huéspedes y peregrinos en esta tierra (Hb 11,13) tanto el que puede ofrecer algo, lo cual hará con humildad y frugalidad, como el que pide, ya que no podrá exigir grandes cosas, pues está de paso. Aparece 19 veces en la Regla, 12 de ellas en el capítulo que nos ocupa.
Otra palabra relevante en relación a la hospitalidad es la que encabeza este tema. Viene del verbo latino suscipio, compuesto del verbo capio (coger, tomar) y la preposición subs (bajo, debajo), y se traduce como: encargarse de, asumir, tomar sobre sí, sostener, tomar a su cargo. Estos matices ya nos revelan que la acogida no será “sólo” una amable sonrisa y una habitación, sino que implica una actitud vital integral. Aparece 21 veces en la Regla, 5 de ellas en el capítulo que nos ocupa.
En los Diálogos y en la Regla
Al igual que la acogida de los hechos, los Diálogos de San Gregorio ponen un cuidado especial en hacer notar la manera como Benito acogía a sus monjes, empezando por los que venían a unirse a la comunidad, desde Mauro y Plácido hasta aquel godo, pobre de espíritu (Dia II,3.6)
Al acoger la realidad particular de cada monje san Benito presta atención al hombre en su necesidad, sea quien sea el hombre y tenga la necesidad que tenga. Si toda acogida auténtica reclama un mínimo de pedagogía, san Benito aplicaba por instinto aquella norma sabia de discernir entre necesidad y demanda y, aun diciendo no a la demanda, decía siempre sí a la necesidad:
- perdón rápido de la culpa (12)
- increpa enérgicamente (20)
- corrige y anima con suavidad (21)
- indignación y riña (13)
Además de a los monjes, acoge a todos aquellos que van a verle, de muchas clases y con intenciones muy diversas:
- al rey Totila (14.15), de manera seria y digna
- joven Exilarato (18), humor y buen corazón
- dos religiosas (23), serio
- al endeudado (27), palabras amables
Para san Benito no había ningún hombre insignificante, toda persona tenía un valor a sus ojos, basado en la misma sincera voluntad de acoger. No es de extrañar que recomiende luego al abad que no haga acepción de personas (RB 2,16.20; 34,2), que tenga la misma caridad para con todos (2,22), porque todos servimos al mismo Señor (2,20).
Pasando de los Diálogos al texto de la Regla, seguimos encontrando esta actitud de acogida; la posee él y la pide a los monjes. Acoge a los que quieren ser monjes y les dedica un capítulo (58); acoge a los monjes peregrinos generosamente (61) con tal que se contenten con lo que encuentren y no perturben con sus exigencias. Acoge también a los sacerdotes (60).
En el capítulo sobre el portero, el 66, habla de la acogida en el sentido preciso de hospitalidad: siempre a punto para atender a los que lleguen, pronto para servirles, con aquella atención amable y llena de amor que nace del temor de Dios y del fervor de su amor.
El capítulo 53 es un directorio litúrgico de la acogida. Particularmente a los pobres y peregrinos, que son los más inermes, los que, fuera de la realidad de ser hombres, no poseen nada que estimule ninguna acogida interesada.
San Benito quiere que los monjes sean acogedores de los acontecimientos enojosos, aquellos que pueden cambiar el humor de quien no esté a punto para aceptarlo todo, como por ejemplo no tener vino (40,8), que el abad dé a otro el regalo hecho a un hermano (54,3), las posibles impertinencias de los enfermos (36,5), lo que sea necesario establecer de más riguroso para la enmienda de los vicios y la conservación de la caridad (pról. 47).
Siendo la falta de acogida propia una gran dificultad para la acogida de los demás, personas y hechos, la ascesis benedictina tenderá a hacer que el monje se acepte a sí mismo, que no exista enemistad en su interior, que tenga un corazón unificado, que posea la “profunda unidad interior”.
El capítulo 53 de la RB
Se divide en dos partes, subrayadas por la repetición de la expresión supervenientes hospites (v.1.16). Es la primera (1-15) una construcción armoniosa y equilibrada. Se halla el principio bíblico en que se fundamenta la acogida de los huéspedes y se describe el ritual de la misma. La segunda (16-24) presenta un aspecto distinto, tanto desde el punto de vista literario – desaparece la armonía – como del contenido. No importa ahora las atenciones a los huéspedes, sino las repercusiones que su acogida puede suponer para la comunidad. Los problemas son solucionados a fin de que la vida monástica no resulte perturbada en su paz y en su normal desarrollo por la presencia, necesidades y exigencias de personas ajenas a la comunidad.
San Benito la redactó después de la primera, y no de un tirón, sino en diferentes ocasiones, a medida que surgían los problemas. La práctica diaria y las experiencias acumuladas le aconsejaron introducir algunas precisiones. Moderó la exuberancia del ritual. Si se quería salvaguardar la paz de la comunidad y conservar la observancia monástica, se imponía la prudencia.
1) Teología y recepción de huéspedes (1-15)
“Era peregrino y me hospedasteis” (Mt 25,35). La frase domina desde el principio y se repite explícitamente dos veces (7.15). Así, repitiendo, inculca san Benito a sus monjes, con el máximo rigor y nitidez, su concepto de hospitalidad. Acoger a un peregrino ES acoger a Cristo; de este profundo ACTO DE FE se sigue todo lo demás. Y, en primer lugar, la obligación de recibir a todos, sin excepción. El sentido de acogida universal no sólo queda subrayado por la omisión de las precauciones de desconfianza de RM 78-79, sino por la insistencia del adjetivo “todos” (1,2,6,13). A todos se les tributará el “honor debido”, sobre todo a pobres y peregrinos, porque en ellos se recibe “de un modo particular” a Cristo. La hospitalidad debe ser universal porque es sobrenatural. La calidad de la acogida a tributar es a causa de Cristo.
La máxima de RB.4,8 (“honrar a todos los hombres”) es la clave para interpretar el sentido evangélico de la hospitalidad según RB: todo el mundo debe ser honrado como Cristo, pero si debe haber alguna opción preferencial tiene que ser hacia los que más lo representan como personas consagradas o como pobres. Los “hermanos en la fe” son las personas consagradas en contraposición a los herejes. Los “peregrinos” está cargado de valor religioso: los que hacen peregrinación. Los “forasteros” son los que están fuera de su país y se encuentran desprovistos de medios. Los pobres y débiles son el sacramento de Cristo débil. Quienes pueden comprar sus comodidades o exigir sus derechos están simplemente recibiendo lo que ellos mismos pueden obtener, con o sin nosotros. Quienes han sido dejados a merced del mundo constituyen el indicador de la apertura de nuestro corazón.
A todos ellos, el portero debe tratar “con toda la delicadeza del temor de Dios y el fervor de la caridad” (66,4). Así lo expresa también en este capítulo: a todos se les recibirá
- con todas las muestras de la caridad, v.3: cum omni officio caritatis
- con la mayor humildad, v.6: omnis humilitas
- con todo agasajo, v.9: omnis humanitas
La paranomasia humilitas-humanitas no es un puro juego de palabras, sino efecto del acto de fe en la presencia del Señor. Podemos dar a la gente caridad, o podemos darle atención. Podemos darles lo indispensable para vivir o podemos darles el gozo de la vida. La hospitalidad benedictina es el don de un ser humano a otro, no es simplemente cama y comida, sino hogar y familia.
Ya el mismo saludo recuerda al duodécimo grado de humildad (v.7). En primer lugar el superior y los hermanos saludarán “con toda humildad”, adorando en ellas a Cristo; después se cumplirán las rúbricas religiosas: orar juntos, darse el beso de paz, leer la Escritura: para que quede claro que nuestra acogida no se basa únicamente en apreciaciones humanas. Sólo después de esto, se les proporcionará el sustento que restaure sus fuerzas. A su vez darán aguamanos y les lavarán los pies, signo del servicio de caridad que prestan los hermanos que van a servir la comida (cfr.RB 35).
2) Organización (16-24)
Como los huéspedes nunca faltan, llegan a cualquier hora del día y de la noche (cfr.RB 42,10), y pueden perturbar la vida comunitaria, es absolutamente necesaria una organización, para no convertir el monasterio en un hotel:
- Se establece una cocina especial (v.16), a la que se asignan dos hermanos (v.17)
- Aparece la cella hospitum con un número suficiente de camas (v.22)
- Confiada a un hermano sensato y temeroso de Dios (v.21). Dos características relacionadas con la obediencia y que san Benito pide además al Abad a los decanos y al portero.
Todos, manteniendo nuestros valores y estructuras, tenemos que aprender a proporcionar a los demás el equilibrio y la profundidad de nuestra vida. La comunidad que ha de dar la bienvenida a los huéspedes, no debe perder su identidad en nombre de ellos.
La hospitalidad no era una comida acogedora y un refugio seguro, sino que la hospitalidad en una comunidad benedictina era atención y presencia a las necesidades del otro. Por tanto, el equilibrio, el orden y la oración en la vida de quienes practican la espiritualidad benedictina son clave para ser un auténtico apoyo en la vida de los demás.
Cierra el capítulo el precepto de que los hermanos no hablen con los huéspedes a menos que se lo hubieran mandado (v.23). No sólo por salvaguardar la ley del silencio, sino para que la vida del monje no sufra detrimento. Sin embargo, no está reñido con la educación. Al encontrarse, el hermano saludará humildemente, pedirá su bendición, y, si es necesario, le recordará al huésped (ya informado) de que no puede hablar y seguirá su camino (v.24).
Es probable, como queda dicho, que las diversas anotaciones de esta segunda parte se añadieran en diferentes ocasiones. Al dar por terminada su redacción, la RB proporciona una reglamentación firme y completa del ejercicio de la hospitalidad monástica, en que se armonizan el espíritu de fe, el agasajo a los forasteros y la conveniencia espiritual de los monjes.
Propuesta de TRABAJO PARA EL TRIMESTRE
· PARA IR PROFUNDIZANDO
- Lectura y reflexión personal de los capítulos 53 y 61 de la RB.
- Lectura y reflexión de los apuntes dados en Huerta y de los pasajes de los Diálogos de san Gregorio mencionados en ellos.
Para profundizar en la reflexión personal pueden servir estas “pistas”:
· “Como a Cristo”, “a todos”: ¿es la base de mis relaciones habituales?
· “tributar honor”, “todas las atenciones de la caridad”, “humildad”, “adoración”, “edificación”, “tratar con toda humanidad”, “romper el ayuno”, “lavar los pies”, “máxima solicitud”: ¿cómo y cuándo traducir estas actitudes a mi vida diaria?
- A la luz de lo leído y reflexionado:
o ¿qué busco en la hospedería de Huerta?
o ¿qué encuentro?
o ¿cuál es mi actitud en la hospedería?
o ¿qué sugieres para mejorar la acogida monástica del siglo XXI?
- Comparte en comunidad tus conclusiones