2. la vocación cisterciense
- La vida monástica/contemplativa
- Los valores cistercienses:
conversión,
humildad, comunidad,
trabajo,
soledad y presencia,
lectio divina,
quietud,
servicio de alabanza


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la vida monástica-contemplativa


"Los monjes siguen las
huellas de quienes, en tiempos pasados,
fueron llamados por Dios al combate espiritual en el desierto. Como
ciudadanos del cielo se hacen extraños a la conducta del mundo.
Ejercitados en la soledad y el silencio anhelan la paz interior en la que
se engendra la sabiduría y se niegan a sí mismos para seguir a Cristo
(Constitución 3.3)
El monje es un hombre
que renuncia completamente al modo ordinario
de vivir la vida humana y social y sigue el llamamiento de Cristo al
"desierto" y a la "soledad", es decir, a una tierra desconocida para él no
frecuentada por otros hombres. Su camino por el desierto no es una
mera evasión del mundo y sus responsabilidades.
No bastan las razones
meramente negativas para justificar el camino
monástico en la soledad. La renuncia monástica es la respuesta a un
llamamiento positivo de Dios, inexplicable, científicamente indemostrable
y, sin embargo, capaz de ser experimentado por la fe y la sabiduría de
la Iglesia.
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el carisma cisterciense
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"La vida cisterciense es cenobítica (=comunión de vida). Los monjes cistercienses buscan a Dios y siguen a Cristo bajo una Regla y un Abad en una comunidad estable, escuela de caridad fraterna" (Constitución 3.1)
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"El monasterio es figura del misterio de la Iglesia. En él nada se antepone a la alabanza de la gloria del Padre; no se ahorra esfuerzo alguno para que toda la vida comunitaria se acomode a la ley suprema del Evangelio, y para que la comunidad no carezca de ningún don espiritual. Los monjes se esfuerzan por vivir en comunión con todo el pueblo de Dios, y participar el vivo deseo de la unión de todos los cristianos. Con su vida monástica llevada con fidelidad, y por la secreta fecundidad apostólica que les es propia, sirven al pueblo de Dios y a todo el género humano" (Constitución 3.4) |
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