1. la vocación
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la vocación
a la vida
religiosa/consagrada


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¿qué es la vocación?

La vocación es Dios
pidiendo permiso para
caminar con nosotros y para que en nuestra
vida hagamos su voluntad.
En la medida en que uno se decide a dejarle
sitio se va fortaleciendo la relación de amistad
con Dios. Y en esa amistad es donde se
escucha la llamada.
Y Dios se mete, no para, te busca, insiste...
hasta que uno se decide por el sí o por el no.
Se da el miedo, la lucha entre lo cómodo, lo
establecido y el compromiso, la superación, la
nobleza de vida, el amor a los demás.
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¿Dios sigue llamando HOY?

Dios sigue llamando a que hagamos su voluntad, cada uno en la misma misión que se nos ha encomendado según su proyecto de amor.
Cuanto más amigo de Dios, se percibe con más claridad lo que quiere de nosotros, cómo realizar su proyecto y hacerlo nuestro.
Descubrir el propio proyecto desde la fe, supone querer imitar a Jesús, vivir la experiencia de la amistad y de la compenetración con Jesús como amigo íntimo y salvador.
Siempre cuenta con nosotros y no nos deja tranquilos, aunque respeta nuestra libertad.
Desde luego, cuando uno está inquieto es señal de que Dios le está buscando.
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la vocación a la vida religiosa


La
vida religiosa lo que hace es asumir totalmente el tipo de vida que quiso llevar
Jesús: viviendo de cara al Padre y volcado a la humanidad. Y esta manera de
vivir la quiere expresar en tres votos: virginidad, pobreza y obediencia.
La persona se consagra a vivir un amor esponsal exclusivo pero no excluyente: en cuanto a corazón no dividido por otros amores, sino integrados en el Amor (castidad). Eso le lleva a no querer poseer o retener otros bienes materiales o afectivos, sino en ponerse al servicio generoso y gratuito de los demás (pobreza). Así crea unas relaciones de igualdad, sin someter ni dominar a nadie, ni estar sometido a nadie, sino únicamente al Amor de Dios, aceptando su voluntad de plena identificación con su Hijo Jesús (obediencia).
Los monjes, además, hacemos la promesa de estabilidad y de llevar vida monástica en una comunidad en la que nos ayudamos mutuamente a crecer en la escuela del Amor.