los valores cistercienses

 

Trabajo

En nuestras constituciones se describe el trabajo como participación en la “obra divina de la creación y restauración”.

Por lo tanto, cuando trabajamos debemos ser conscientes de que colaboramos en esa actividad creadora de Dios, unidos con él. Los dones que hemos recibido del Padre los ponemos al servicio de la comunidad, involucrándonos de manera seria, responsable y creativa en su construcción y desarrollo, llevándonos hacia la madurez personal.

 Lógicamente, el trabajo tiene una clara dimensión socioeconómica: al ganarnos nosotros mismos la vida no somos una carga para nadie, nos ponemos en comunión con los trabajadores, podemos ayudar a otros más necesitados y así colaborar en la búsqueda de un mundo más justo.

La regularidad y cotidianeidad del trabajo, evitando tanto la variedad y novedad constante como el activismo y la agitación, ayudan de manera excelente a crear un clima de paz y unidad interior que, a su vez, permite estar atento a la presencia de Dios. Es así como se hace del trabajo una oración.

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