los valores cistercienses
Soledad y Presencia:
"En Dios vivimos, nos
movemos y existimos" (Hch 17,28).
Toda nuestra vida se desarrolla en la presencia de Dios.
Esto no significa que estemos constantemente rezando o pensando en Dios, sino que sepamos reconocerle en el día a día, encontrarle en lo que está delante de nosotros, en todas partes y ocasiones, incluso las más cotidianas y “mundanas”, en todos los hombres, en toda la creación; y, además, tener la convicción de que a través de todos esos momentos, cosas y personas, nos está hablando, comunicando su mensaje a cada uno de nosotros en nuestro hoy.
Es el Dios vivo que está íntimamente presente y actuante en el mundo y la historia, sustentándolo, dinamizándolo y recreándolo todo.
Pero para hacernos conscientes
de esa presencia en nuestras vidas,
necesitamos de
la soledad. Ayudados por el silencio, la oración y la lectura, debemos
adentrarnos en nuestro interior para descubrir en lo más hondo de nosotros
mismos, en nuestras entrañas, a ese Dios que nos habita y nos hace desarrollar y
ser lo que realmente somos. Sólo dando este paso, que requiere tiempo y
esfuerzo, podremos proyectarnos hacia fuera y ver el mundo, al otro, de una
forma renovada: desde Dios, con Dios, en Dios.
Volver a Pág. principal
Volver a vocación