los valores cistercienses
Quietud
“En vida hay que buscar la paz: la paz con Dios, con el prójimo y consigo mismo” (San Bernardo de Claraval).
La paz del corazón no es fruto de una simple tranquilidad psíquica; supone un clima de silencio y de soledad en nuestro ámbito monástico, así como de serenidad y armonía en las relaciones con los hermanos. Aquí radica el ocio laborioso, que alienta la oración y el recuerdo de Dios.
Toda la persona del monje se vuelve disponible a la acción del Espíritu santo que otorga un gozo y una paz que el mundo desconoce.
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