los valores cistercienses
Comunidad
Como proyecto de vida centrado en el seguimiento de Jesús, la vida de fraternidad no es solamente, o no debería serlo, convivir en un mismo edificio, compartir los bienes materiales, realizar unas tareas comunes o participar conjuntamente en las celebraciones litúrgicas.
Al
ser el monasterio un lugar de encuentro con el Dios verdadero, la comunidad es
espacio en el que se hacen posibles la asunción de valores sustanciales y
profundos como el servicio humilde a los otros – olvidándose de sí mismo y
estando dispuesto a dar la vida por los demás –; un espíritu de gratuidad que no
espera nada a cambio; la acogida y reconciliación sincera cuantas veces sea
necesario; cooperación en las inquietudes comunitarias; un intercambiar los
dones espirituales recibidos por la gracia; entre otros.
Pero no debemos olvidar que somos seres humanos, no ángeles, y por tanto la convivencia diaria en un espacio común reducido, junto con las diferencias de edad, procedencia, formación, cultura e incluso espiritualidad, conlleva diversas dificultades que se van superando si nuestra vida gira en torno a Jesús. Todo ello, junto a una necesaria dosis de afecto y ternura en el trato, así como una estrecha y profunda comunicación, hacen de la comunidad espacio propicio para el crecimiento espiritual y la maduración humana.
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