los valores cistercienses
Servicio de alabanza
“Según
nuestra Regla, nada debemos anteponer a la obra de Dios. Así quiso denominar
nuestro Padre Benito a las solemnes alabanzas que cada día se celebran en el
oratorio” (Elredo de Rieval).
Basta con acercarse con ojos y corazón abiertos a un monasterio cisterciense para convencerse de que la divina liturgia es el alma de la vida del monje; y que la misma oración silenciosa gira en torno a ella. La celebración de la Eucaristía y el canto de los salmos, intercalados con otras lecturas bíblicas y de la tradición eclesial, trazan el camino a recorrer del monje hacia Dios.
Esta oración litúrgica es un quehacer vital que nos introduce en el ritmo cósmico. La luz natural va marcando las etapas y los momentos de nuestra alabanza.
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